sábado, marzo 31, 2007

Blanco

Volvió a colocar la punta del lápiz sobre el papel pero, de nuevo, y ya iban varias veces, tuvo que levantarla sin ser capaz de escribir siquiera una palabra. Comenzó a sentirse molesto con la situación, nun ca había creido lo que decían acerca del miedo a la hoja en blanco y ahora que sobre su mesa lo único que había era una de esas hojas en blanco no estaba más dispuesto a creerselo. Él sabía que no era más que un bloqueo temporal, que solo era un callejón con la puerta de salida más escondida de lo habitual. Se levantó de la silla, colocó el lapicero sobre la hoja y se acerco a la mesilla auxiliar, tomó de ella su paquete de tabaco y se volvió hacia el escritorio donde aquella hoja virgen era el principal testigo de su falta de inspiración. Cogió el encendedor y sin dejar de divagar, encendió un cigarrillo, al que comenzó a sar lentas y profundas caladas mientras se preguntaba si era posible que hubiera perdido esa magia que le ayudaba a escribir. una vez terminado el cigarro y con su humor empeorando a cada latido del reloj, decidió salir a dar una vuelta, pensando que tal vez el paseo le ayudaría a relajarse lo suficiente para poder empezar a escribir a la vuelta.  Salió de casa y cada paso era un losa más, que poco a poco iba reyenando su mente y haciendo que sus pensamientos fueran cada vez más lentos.
Ahora ya agobiado por su propia mente, tomo la decisión de volver a casa pues no encontraba manera de resolver su problema. Entró en el portal, subió los dos pisos que le separaban de su casa, metió la llave en la cerradura, la giró y habrió la puerta de su hogar, cerró y colgó la gabardina en el perchero, todo esto esto lo había hecho mecanicamente, sin pensar, como si de un robot se tratara. Entonces levanto la vista y allí la vió, sobre la estanteria, dandose cuenta en ese preciso momento, de que la mujer de la foto que había sobre el estante era la causa de todos sus males pues desde que, días atras, ella se había ido, era cuando había perdido su inspiración y aunque nunca la había considerado su musa pues no creía en esas cosas, sabía que ella le había robado aquello que más necesitaba. Decidió que no dejaría que ella, que ya le había robado el corazón, le robara también el resto de su vida. Se dirigió decidido hacia el estudio y para cuando se sentó en la silla ya volvía a ser él mismo, el hombre que no tenía miedo de una simple hoja en blanco, ni creía en fantasmas o supersticiones. Agarró su lapiz y comenzó a escribir la historia de un pobre escritor sin ideas al que poco a poco sus creencias en cosas irreales le estaban volviendo loco y mientras escribía decidió que no dejaría que a él le volviese a pasar algo así.

"Dicen que soy un gran escritor. Agradezco esa curiosa opinión, pero no la comparto. El día de mañana, algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o chapucero o de ambas cosas a la vez."(Jorge Luis Borges)

"Cuando lo hayas encontrado, anótalo."(Charles Dickens)

Salu3

3 comentarios:

Inner Sanctum dijo...

Echo de menos tus ecritos :(

Juanlo dijo...

¿Una despedida?

La verdad es que me asustó leer Blanco y no ver nada, creía que lo habías borrado todo.

Sobre miedo a la mente en blanco sin saber qué escribir...
Sólo tienes que sentarte, tomar un té caliente y darle rienda suelta a la imaginación.

Si eso primero no funciona, olvida escribir. Despídete.
Hasta que salgas a la calle y vuelvas a enamorarte de lo que sea que te haga fluir por dentro esas inmensas ganas de escribir.

manuel dijo...

Las ausencias y los pesares...
nos cortan la vena de la inspiración